HISTORIA DE LINARES

A pocos kilómetros del actual casco urbano se encuentra Cástulo, que pasa por ser uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de toda Europa. Esta ciudad fue la capital de la Oretania en época ibérica y uno de los enclaves más importantes de la Hispania romana. Pero sus orígenes son todavía más antiguos, desde la consolidación de la actividad metalúrgica ligada a las minas de Sierra Morena, en el segundo milenio antes de Cristo.

Por su situación privilegiada y por su riqueza minera, Cástulo tuvo un protagonismo especial en el enfrentamiento entre romanos y cartagineses, realzado por el matrimonio de la princesa castulonense Himilce con el general cartaginés Aníbal. Finalmente, en el año 206 a C las legiones romanas tomaron militarmente la ciudad. La minería y la actividad metalúrgica impulsaron la prosperidad de Cástulo durante la época imperial. Su influencia abarcaba toda la zona oriental de Sierra Morena e, incluso, parte de la actual provincia de Ciudad Real. Contaba con numerosos poblados mineros fortificados en la comarca. Pero con el declive de la actividad minera y su paralización, llegó la decadencia: a comienzos del siglo IV Cástulo era una sede episcopal que había enviado un representante al Concilio de Toledo, pero en el siglo VI y VII, la ciudad pierde importancia en favor de Baeza. Finalmente, solo quedaron algunas pequeñas aldeas habitadas y ya en época islámica, hasta el siglo XI no se consolidan estructuras fortificadas. Ante el avance de los cristianos, en el siglo XII se levanta una torre, que será la que se utilice como torre del homenaje del castillo de Santa Eufemia, levantado tras la conquista en 1227.

Todavía se desconocen muchos aspectos del origen de la actual ciudad de Linares. Seguramente, la pequeña aldea islámica, tras la batalla de las Navas de Tolosa y su conquista por Fernando III, ganó en importancia por su situación y fue elegida para construir un castillo que facilitara la defensa; se hizo a Linares dependiente de Baeza y comenzó la repoblación con colonos de Castilla y León.

Para Linares los siglos XIV y XV fueron de inestabilidad social y política por las constantes pugnas de la nobleza. En el reinado de los Reyes Católicos, el debilitamiento del poder del Concejo de Baeza abrió el proceso de emancipación de los linarenses. La primera petición expresa se hizo a Carlos V, pero la separación definitiva de Baeza no se concedió hasta el reinado de Felipe II. La independencia se hizo realidad el 17 de agosto de 1565, tras el pago de 7.500 maravedís y Linares era ya una floreciente ciudad cuya prosperidad venía, una vez más, de la mano de la actividad minera.

Tras un periodo de depresión, el crecimiento demográfico y el desarrollo urbano comienza en el siglo XVIII, para despegar definitivamente en la centuria siguiente, impulsado por una nueva legislación y nuevas tecnologías relacionadas con las explotaciones mineras. Aumento demográfico, progreso económico y llegada de capitales extranjeros son las notas características de este proceso que estimula un cambio radical de la estructura social y urbana.

En 1875, por Real Decreto, Alfonso XII concedió a Linares el título de ciudad. La transformación de la ciudad es sobresaliente: se amplía su extensión de villa medieval-renacentista con el proyecto de expansión de 1871; surgen barrios residenciales de calles rectas y casas individuales; se construyen parques y plazas con jardines evocadores del modernismo levantino; se da lugar a la creación de una nueva «ciudad», que, aunque en parte estaba dentro del viejo casco, se remoza a comienzos del siglo XX con edificios comerciales y de banca concentrados, marcando la pauta a seguir por otras ciudades.

Mi madre viene de esta tierra y vivió en Badollano que al día de hoy ya no existe.

Todavía se desconocen muchos aspectos del origen de la actual ciudad de Linares. Seguramente, la pequeña aldea islámica, tras la batalla de las Navas de Tolosa y su conquista por Fernando III, ganó en importancia por su situación y fue elegida para construir un castillo que facilitara la defensa; se hizo a Linares dependiente de Baeza y comenzó la repoblación con colonos de Castilla y León. Para Linares los siglos XIV y XV fueron de inestabilidad social y política por las constantes pugnas de la nobleza. En el reinado de los Reyes Católicos, el debilitamiento del poder del Concejo de Baeza abrió el proceso de emancipación de los linarenses. La primera petición expresa se hizo a Carlos V, pero la separación definitiva de Baeza no se concedió hasta el reinado de Felipe II. La independencia se hizo realidad el 17 de agosto de 1565, tras el pago de 7.500 maravedís y Linares era ya una floreciente ciudad cuya prosperidad venía, una vez más, de la mano de la actividad minera. Tras un periodo de depresión, el crecimiento demográfico y el desarrollo urbano comienza en el siglo XVIII, para despegar definitivamente en la centuria siguiente, impulsado por una nueva legislación y nuevas tecnologías relacionadas con las explotaciones mineras. Aumento demográfico, progreso económico y llegada de capitales extranjeros son las notas características de este proceso que estimula un cambio radical de la estructura social y urbana. En 1875, por Real Decreto, Alfonso XII concedió a Linares el título de ciudad. La transformación de la ciudad es sobresaliente: se amplía su extensión de villa medieval-renacentista con el proyecto de expansión de 1871; surgen barrios residenciales de calles rectas y casas individuales; se construyen parques y plazas con jardines evocadores del modernismo levantino; se da lugar a la creación de una nueva «ciudad», que, aunque en parte estaba dentro del viejo casco, se remoza a comienzos del siglo XX con edificios comerciales y de banca concentrados, marcando la pauta a seguir por otras ciudades.

Actualmente, en el siglo XXI, su economía está proyectada al comercio y la industria  de linares

La Virgen de Linarejos, Patrona de Linares lo es desde el 1 de noviembre de 1783, segun decreto dado por el Obispo de Jaén e Inquisidor General de España D. Agustín Rubín de Cebayos con fecha 24 de febrero de 1784, según consta en los Libros de Actas del Cabildo correspondientes a dicho año, que se conservan en el Archivo Municipal de Linares, en que consta que ademas de hacerlo con caracter retroactivo a la fecha mencionada, le dió el nombre de María Santísima de Linarejos. Según un antiguo romance incorporado en un manuscrito titulado "el Festín" y también conocido como el libro de D. Martín de Zambrana y Chacón, se estableció la fecha del año 1227 tradicionalmente aceptada como aquella en que fue encontrada por un ermitaño o hombre santo llamado Juan Ximénez que procedía de los campos de Albentosa (lugar próximo a Linares) en la fecha 5 de agosto, en que agobiado por el implacable calor, descansó a la sombra de un lentisco y allí fue el hallazgo y fue en principio trasladada a Ibros, de donde aquel procedía, si bien milagrosamente, la imagen volvió al mismo lugar, por lo que entendieron que allí se le debía construir una ermita, muy rudimentaria al principio y que resultó destruida por un temporal, por lo que se le edificó una nueva en el lugar actual que fue inaugurada a mediados del siglo XVII.
Sin embargo, por los trabajos de investigación realizados por D. Manuel Morales Borrero y Dª Carmen Eisman Lasaga, basados en dos manuscritos de Gregorio López Pinto que se conservan en la Biblioteca Nacional, y que han sido publicados por el Instituto de Estudios Giennenses, se ha descubierto que en ambos aparece la fecha del encuentro de tan sagrada imagen en el año 1236, lo que merece más credibilidad por haber sido escritos ambos en fecha bastante anterior a la copia del mencionado libro de D. Martín de Zambrana.
Semana Santa:

Semana Santa de interés turístico andaluz que destaca por la calidad de las bandas de cabecera de las cofradías y hermandades y de los tercios de trompeteros, la belleza de la imaginería cofrade y, especialmente, por el acto de la Expiración en la calle Marqués, la lectura de la sentencia en el prendimiento de Nuestro Padre Jesús y la bendición que, con su brazo articulado, concede el Nazareno a los cientos de linarenses que se agolpan a su paso el Viernes Santo.

Feria y fiestas de San Agustín (27/08):

En Linares, se celebran, durante los últimos días de agosto y los primeros de septiembre, las fiestas de san Agustín que tienen sus orígenes en una antigua feria de ganado. Sobra el patronazgo de San Agustín no existe un reconocimiento por parte del Ayuntamiento, aunque es tradicionalmente. La concesión de la Feria a Linares, fue efectuada en el año 1734 por S. M. el rey Felipe V, según documento que se conserva en el Archivo Histórico Nacional y que se inicia como "Lizencia a la Vª de Linares para que pueda tener Feria".
Durante la misma son importantes los festejos taurinos que tienen lugar en el coso de Santa Margarita, con los mejores toreros del momento, las actuaciones musicales que reúnen a grandes figuras del panorama musical español y una nutrida programación teatral con compañías nacionales hacen que la feria de san Agustín se haya convertido en una de las mejores de la provincia de Jaén, cuya fama alcanza nivel nacional.

UN PASEO POR LINARES






Acompaño a mi sombra

por tus viejas calles,

de pronto se para

y no quiere andar,

me detengo intranquila

y vuelvo la vista atrás:

(Esta ensimismada mirando

un gran y bello portal).



De esos que aquí, aún perduran

por su casta y sobriedad,

y que ni el paso del tiempo

ha podido derrumbar.



En el suelo siguen pegadas

aquellas casas robustas,

con sus enormes portadas,

sobre muros de piedra firme

que soportan las Iliadas.



Más el tiempo sigue su curso

y a pesar de la modernidad,

hoy se siguen conservando

viviendas antiguas en este lugar.



Linares es la visión perfecta

de una moderna ciudad,

pero respetando los enseres

que vienen de la antigüedad.



Así pues: ¡Vean ustedes!

Sus calles adoquinadas

ó esas fachadas persistentes

por su piedra cultivada,

sus bellas lonjas y ermitas

sus plazas tan floreadas.



No dejen de pasear

de pegar sus pies al asfalto

alzando la mirada al cielo,

para no perder detalle;

ni de un pájaro en su vuelo.







Mi sombra esta algo cansada

y se sienta en un banco a pensar

por el Paseo abajo se escucha

una guitarra llorar,

son los acordes serenos

que en el reloj principal

se han quedado impregnados

para las horas marcar.



Continuo mi camino,

y mi sombra ya va detrás,

no quiere dejarme sola,

pues me encamino al altar

y ante la madre divina,

hoy me dispongo a rezar.



Un paseo por Linares,

es la visión magistral,

pues cuando llego a esta tierra,

otra vez oigo cantar

al minero su taranta

en su boca de metal,

y mientras la esta cantando

siempre me hace recordar,

que fui parte de esta historia,

por que caminé sin más,

y en las losetas del suelo,

mis huellas grabadas están…

y ni el mismo Alfonso XII,

ni el gallo en su pedestal,

ni los Ángeles de estas fuentes,

las conseguirán borrar,

pues bebí agua hace tiempo,

de la fuente del pisar,

y por siempre me quedé prendada

de esta tierra singular.
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